Los tribunales han tenido que aclarar las condiciones que debe cumplir todo percance para que sea considerado ‘in itinere’, como el tiempo que se tarda en llegar al domicilio o el tipo de vehículo utilizado.

Una vez terminada la jornada laboral, Carmelo decidió, como hacía habitualmente, acercar a dos compañeros de trabajo a sus casas. Cuando ya regresaba a la suya, sufrió un accidente que le costó la vida. Su viuda y huérfana decidieron reclamarlo como in itinere y su caso llegó al Tribunal Supremo, que finalmente dio la razón a la familia al determinar que el caso tiene «claro tinte laboral» y, además, lo califica de «razonable, tanto por razones de solidaridad entre compañeros cuanto por economizar costes y por la protección del medio ambiente».

El hecho de que tardara más de una hora en realizar el viaje tampoco preocupa al Alto Tribunal, que insiste en que «ese periodo de tiempo siempre ha estado dedicado a volver a casa desde el trabajo».

Esta sentencia es un buen ejemplo de las consideraciones que hacen los tribunales para determinar si un accidente es in itinere o no. Para ello, precisamente el elemento principal es que la finalidad principal y directa del viaje esté determinada por el trabajo. Sin embargo, no es el único elemento que analizan los jueces, ya que el desplazamiento ha de producirse en el trayecto habitual y normal que debe recorrerse desde el domicilio al lugar de trabajo o viceversa. Este elemento geográfico ha causado mucha polémica porque hay una interpretación muy amplia de lo que se considera domicilio.

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