El impuesto sobre el patrimonio es el gran superviviente del sistema fiscal español. Se creó en 1978 como un tributo de carácter “extraordinario” y, por lo tanto, transitorio. Duró hasta 2008, cuando el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero aprobó su supresión con el argumento de que el tributo recaía sobre las clases medias y no sobre los verdaderamente ricos, que contaban con instrumentos para sortear el pago. La crisis económica y el aumento del déficit llevaron al mismo Gobierno socialista a recuperar el tributo para los ejercicios 2011 y 2012. Así, el impuesto, cuyo mínimo exento se elevó de 120.000 a 700.000 euros, debía desaparecer (otra vez) en 2013.
No fue así. El Gobierno de Mariano Rajoy aprobó dos prórrogas más hasta 2014. Si no se modifica la ley actual, el impuesto sobre el patrimonio dejará de tener efecto en 2015. Sin embargo, todo apunta a que el tributo todavía seguirá unos años más.
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