Una prestación europea de desempleo, equivalente al 40% del salario del trabajador y con una duración máxima de seis meses desde la pérdida del empleo. Todo ello financiado por un fondo común de unos 100.000 millones de euros, nutrido con parte de las cotizaciones sociales pagadas ahora a nivel nacional. La idea parecía hasta hace poco irrealizable en una Unión Europea agobiada por la crisis y atareada en crear, a regañadientes, los fondos de rescate necesarios para estabilizar el sistema financiero y devolver la calma a los mercados de deuda soberana.

Pero superada esa etapa de crisis aguda, en Bruselas se abre paso la necesidad de dotar a la Unión Monetaria con mecanismos de estabilización fiscal. Y a la vanguardia de esa tendencia figura el llamado seguro europeo de desempleo.

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