Aunque el Estatuto de los Trabajadores no determina si una persona puede exigir no aburrirse en su trabajo, las empresas son responsables de evitar las posibles consecuencias de tareas monótonas.
Cobrar 3.500 euros al mes por no hacer nada no es la última promoción del sueldo para toda la vida de Nescafé, sino la «pesadilla», según sus propias palabras, que vivió un francés que demandó hace unos meses a su exempresa por aburrirse en el trabajo.
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