Comercios, hoteles y restaurantes, entre otros negocios, enfilan los últimos compases de la desescalada hacia la denominada nueva normalidad, una etapa en la que las empresas tendrán que acostumbrarse (como el resto de la sociedad) a convivir con la amenaza del virus, al menos, hasta que se encuentre una vacuna. Deberán, por tanto, seguir facilitando mascarillas a los empleados, mantener el refuerzo de la higiene y, lo que es más importante, evitar aglomeraciones de personas con limitaciones de aforo que variarán según el territorio.

Para adaptarse adecuadamente a este nuevo contexto, hay sectores que han empezado a realizar ciertos cambios organizativos. Así, por ejemplo, algunas grandes superficies han escalonado los turnos de trabajo a fin de evitar que se formen aglomeraciones, y ciertas tiendas han sustituido la jornada partida por la intensiva para no duplicar las tareas de desinfección.

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