La línea que separa a un autónomo de un falso autónomo es generalmente bastante estrecha. A menudo, es la justicia la que tiene que dictaminar cuál es la relación entre un profesional y una empresa.

Uno de los ejemplos más recientes es el de un profesor, que imparte cursos en una academia de formación profesional ocupacional. Este profesor ha recurrido una casación para unificación de doctrina ante el Tribunal Supremo, en la que expone que todos los profesores que daban clase estaban contratados formalmente como autónomos, pero que sin embargo el horario de las clases se establecía desde el centro, sin que estos profesores interviniesen en esa decisión.

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